a nuria / bruno
A NURIA / BRUNO con motivo de la definitiva marcha de su padre
GRACIAS.
Me ha encantado la necrológica de René. Su contenido manifiesta bien a las claras el perfecto conocimiento de César, al que ¡ curiosidad ! descubro que - casi como yo, que le solía llamarle "Chésare",- el llamaba "Chessar".
La descripción de sus preferencias, sus triunfos, sus aficiones y hasta su comportamiento y modo de reaccionar en sus discusiones con los amigos, evidencian una perfecta relación con quien fue un amigo común entrañable. Conservaré gustoso el escrito que me hacéis llegar, aunque profundamente deplore la causa que me ha llevado a conocer a su autor, a quien felicito.
Yo, bogando entre los recuerdos del pasado, rememoro los finales de la pasada década de los 50 en que, gracias a Jacobo Leonis, nos conocimos en la vieja Universidad de San Bernardo.
Fue con él y con Esperanza (que entonces ya fumaba) con quien Camelia conoció, recién venida de Nueva York, el nevado paisaje de Navacerra.
Estuvimos presentes en su. Boda, peculiar, con Florentino y Angelines, compañera de Esperanza
Nuestros primeros encuentros fuera de la facultad tuvieron lugar en el café Comercial de la glorieta de Bilbao. De aquella época recuerdo, como si fuera ayer, una observación suya en un día en que, sentados juntos ante una de las mesas de mármol del local, cuyo suelo estaba formado por triangulares y diminutas losetas de cerámica azul y blanca, me dijo apuntando el suelo ""¿tú serías capaz de adivinar en cual de las baldosas estoy pensando? ¿No ¿ verdad?. Pues mucho más difícil es que te toque el gordo de la lotería de Navidad.
(Acertada observación de una persona acostumbrada por su adicción al ajedrez,, a pensar.)
Y es que, fuera del mundo del ajedrez, en que debió ser un fuera de serie y posiblemente acostumbrado a manifestarse a alto nivel, con personas de su entorno, fuera - digo- su comportamiento era el de un sencillo y normal muchacho madrileño de la época.
Resaltó la cordialidad de su especial personalidad y una peculiar timidez con el grupo de amigos que jocosamente nos llamábamos "LOS ONU " , porque representábamos, por aproximación, las principales tendencias políticas de la epoca :
> comunistas acendrados ( César y Esperanza), socialistas acérrimos (Juan María y Mari Sol), titubeantes partidarios de la U C D. (Florentino y Angelines) y tibios populares ( Camelia y yo mismo). Contra lo que pudiera parecer, allá por los finales del pasado siglo nos solíamos reunir en un bar del centro, cerca de Sol, para charlar de cualquier cosa que no fuera de política, y decidir el cine a que iríamos la semana siguiete después de haber comentado la película que habíamos visto el anterior
Tras el fallecimiento de la madre de César, menudearon aquellas reuniones sustituidas por esporádicos encuentros personales, como ese del que da fe la foto tomada en ml casa en el año 22 que os adjunto, o, la última. en El Corte Inglés que ya os envió Camelia.
Luego, Sus caidas. Visitas a su casa o al hospital. Un trista final
Pero, antes, da prueba de nuestros encuentros y de mi admiración, aquella rima que títulé "César y el ajedrez," que os reproduzco en escrito aparte.
No quise acercarme a darle el último adiós en el tradicional funeral. No quise, porque sabía que mi sensibilidad emocional no era capaz de aguantar la evidencia de su marcha. Y aún me duele el pensamiento de que ya no podré abrazarlo más.
Se fue definitivamente un amigo irreemplazable después de un encuentro de 68 años.
Descanse en paz.
GRACIAS.
Me ha encantado la necrológica de René. Su contenido manifiesta bien a las claras el perfecto conocimiento de César, al que ¡ curiosidad ! descubro que - casi como yo, que le solía llamarle "Chésare",- el llamaba "Chessar".
La descripción de sus preferencias, sus triunfos, sus aficiones y hasta su comportamiento y modo de reaccionar en sus discusiones con los amigos, evidencian una perfecta relación con quien fue un amigo común entrañable. Conservaré gustoso el escrito que me hacéis llegar, aunque profundamente deplore la causa que me ha llevado a conocer a su autor, a quien felicito.
Yo, bogando entre los recuerdos del pasado, rememoro los finales de la pasada década de los 50 en que, gracias a Jacobo Leonis, nos conocimos en la vieja Universidad de San Bernardo.
Fue con él y con Esperanza (que entonces ya fumaba) con quien Camelia conoció, recién venida de Nueva York, el nevado paisaje de Navacerra.
Estuvimos presentes en su. Boda, peculiar, con Florentino y Angelines, compañera de Esperanza
Nuestros primeros encuentros fuera de la facultad tuvieron lugar en el café Comercial de la glorieta de Bilbao. De aquella época recuerdo, como si fuera ayer, una observación suya en un día en que, sentados juntos ante una de las mesas de mármol del local, cuyo suelo estaba formado por triangulares y diminutas losetas de cerámica azul y blanca, me dijo apuntando el suelo ""¿tú serías capaz de adivinar en cual de las baldosas estoy pensando? ¿No ¿ verdad?. Pues mucho más difícil es que te toque el gordo de la lotería de Navidad.
(Acertada observación de una persona acostumbrada por su adicción al ajedrez,, a pensar.)
Y es que, fuera del mundo del ajedrez, en que debió ser un fuera de serie y posiblemente acostumbrado a manifestarse a alto nivel, con personas de su entorno, fuera - digo- su comportamiento era el de un sencillo y normal muchacho madrileño de la época.
Resaltó la cordialidad de su especial personalidad y una peculiar timidez con el grupo de amigos que jocosamente nos llamábamos "LOS ONU " , porque representábamos, por aproximación, las principales tendencias políticas de la epoca :
> comunistas acendrados ( César y Esperanza), socialistas acérrimos (Juan María y Mari Sol), titubeantes partidarios de la U C D. (Florentino y Angelines) y tibios populares ( Camelia y yo mismo). Contra lo que pudiera parecer, allá por los finales del pasado siglo nos solíamos reunir en un bar del centro, cerca de Sol, para charlar de cualquier cosa que no fuera de política, y decidir el cine a que iríamos la semana siguiete después de haber comentado la película que habíamos visto el anterior
Tras el fallecimiento de la madre de César, menudearon aquellas reuniones sustituidas por esporádicos encuentros personales, como ese del que da fe la foto tomada en ml casa en el año 22 que os adjunto, o, la última. en El Corte Inglés que ya os envió Camelia.
Luego, Sus caidas. Visitas a su casa o al hospital. Un trista final
Pero, antes, da prueba de nuestros encuentros y de mi admiración, aquella rima que títulé "César y el ajedrez," que os reproduzco en escrito aparte.
No quise acercarme a darle el último adiós en el tradicional funeral. No quise, porque sabía que mi sensibilidad emocional no era capaz de aguantar la evidencia de su marcha. Y aún me duele el pensamiento de que ya no podré abrazarlo más.
Se fue definitivamente un amigo irreemplazable después de un encuentro de 68 años.
Descanse en paz.
4.11.26
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